
La copiosa lluvia que caracteriza el clima tropical de Costa Rica, ha bendecido al país con gran abundancia de ríos, pero en contraste con ello, sólo existen unos pocos lagos. En su mayoría, los ríos nacen en zonas montañosas, lugar donde muchos de ellos se convierten en rutas perfectas para viajes en bote o “kayak”, especiales para los que gustan de la aventura. Una vez que los ríos en su recorrido de cientos de kilómetros llegan a las tierras más bajas, se transforman en impresionantes vías acuáticas rodeadas de exótica vegetación.
Estos ríos son excelentes para realizar paseos tranquilos en botes pequeños y brindan una magnífica oportunidad para observar la impresionante flora y fauna del país. Los árboles ubicados a ambas márgenes de los ríos, son el hogar de iguanas, grupos de monos y aves como las oropéndolas, garzas y otros pequeños habitantes que sirven de alimento para los que los superan en tamaño. Los paseos en bote se ofrecen en ríos de llanura como el Sarapiquí, San Carlos y Río Frío, ubicados en la zona norte y en los ríos Tempisque, Bebedero y Corobicí, en el noroeste del país.
Caño Negro, un lago estacional, es también el sitio ideal para la observación de vida silvestre, mientras que el lago Arenal, que supera al primero en tamaño, es popular por la práctica del “wind surfing”.
El lago Caño Negro se ubica cerca de la frontera norte y es considerado un paraíso para los observadores de aves durante la segunda mitad del año, cuando importantes grupos de patos y otras aves acuáticas migratorias, establecen ahí su morada temporal. Caño Negro ha sido designado como un humedal de importancia internacional por la convención RAMSAR.
En muchos de los mapas del país, Caño Negro no está representado, pues al ser un lago estacional sólo existe durante la época lluviosa (mayo a noviembre) y desaparece durante el verano. Una vez que las lluvias disminuyen hasta el punto mínimo en diciembre de cada año, el lago rápidamente se seca y en febrero no queda más que un bello recuerdo del colorido y bullicio que vistió el lugar por siete meses. La mayor parte de su agua es drenada a través del río Frío, en el cual durante todo el año es posible realizar un paseo en bote y por ser este río la principal vía de acceso a Caño Negro, dicho viaje resulta igualmente impresionante.
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Probablemente el viaje a los canales acuáticos del Caribe es la excursión más famosa del país. Estos canales se ubican en la parte norte de la costa Atlántica de Costa Rica, entre el puerto de Moín y las comunidades de Parismina, Tortuguero y Barra del Colorado. Muchos visitantes visitan también el Parque Nacional Tortuguero, que forma parte de este complejo sistema de canales naturales y artificiales y que además proteje una importante playa en la que desovan las tortugas marinas, una gran extensión de bosque lluvioso de llanura e importantes zonas de yolillal y bosque de palmilera.
Un viaje a cualquiera de estos cientos de canales, de todos tamaños y formas, es una verdadera aventura en la jungla y ofrece la oportunidad de observar animales incluyendo cocodrilos, perezosos de tres dedos, oropéndolas y garzas, entre otros.
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Costa Rica’s nine active volcanoes vividly remind visitors of the awesome power contained by the earth’s thin mantle. At Irazú Volcano it is easy to see why Neil Armstrong said that its desolate landscape looks like the surface of the moon. Anyone peering into Poás mammoth crater, with its boiling, sulfurous lake, is reminded just how tenuous is man’s supposed dominion over the world.
Arenal, el más activo y por consecuencia, el más estudiado de los volcanes costarricenses, ruge y erupciona con impresionante frecuencia y su actividad nocturna a manera de juegos pirotécnicos, acelera los corazones de cientos de observadores que año con año lo visitan. En las faldas más bajas de la Sierra Volcánica de Guanacaste, el volcán Rincón de la Vieja deja escapar a través de su agrietada base, fuentes de lodo caliente que hierve a altas temperaturas, constantes fumarolas y pequeños ríos termales.
Los cerros no volcánicos de Talamanca son igualmente bellos y aquí se encuentran dos de las mayores elevaciones del país. La carretera Interamericana, cruzando el Cerro de la Muerte con 11.453 pies. (3.491 metros), permite observar los bosques de roble de las tierras altas a 9.843 pies (3.000 metros) y es la única carretera que permite el acceso a un páramo en el país. Para ver evidencia de la era glaciar a los 12.533 pies (3.820 metros) de altura en el Cerro Chirripó, que data de la última era de hielo, se requiere de una caminata de 9 horas y de una o dos noches acampando en clima muy frío. Pero esto definitivamente está reservado para aquellos a quienes les gusta la aventura y que gozan de una excelente condición física.
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Los bosques ubicados en las partes más altas de las montañas de Costa Rica y en algunos de los volcanes, están por lo general cubiertos por una delgada capa de nubes y bañados por una ligera llovizna. Algas, musgos y líquenes asemejan una fina y suave alfombra al pisar las mojadas superficies de este tipo de bosque y proveen el lugar perfecto para que las orquídeas, bromelias, helechos y otras inumerables plantas puedan crecer. Es por eso que este mundo de epífitas es bastante prolífero en el bosque nuboso y encontrar espacios de tierra descubierta es casi imposible.
Algunas veces las ásperas condiciones que imperan en este bosque, como los fuertes vientos y los suelos super-saturados, causan que algunas especies encuentren gran dificultad para crecer, tal es el caso del curioso bosque en la división continental de Monteverde o las nudosas maderas de los árboles en las faldas del volcán Poás.
El bosque nuboso captura la imaginación hasta del más distraído de nosotros. Emana un sentimiento de antigüedad y vida duradera. De paz. Sentarse cuidadosamente en algún punto alto de este bosque, le permitirá respirar el aire más puro del planeta, sentir la abundante brisa en su cara y observar el vuelo majestuoso del ave más impresionante de este paraíso: el Resplandeciente Quetzal, que es considerado por muchos el ave más bella del mundo.
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Tanto en las partes altas como en las planicies a lo largo y ancho del país, los bosques lluviosos de Costa Rica son el hogar de cientos de formas de vida conocidas y muchas más que aún no se conocen en el mundo. Todas estas criaturas son prácticamente la última fortaleza de biodiversidad que queda en el planeta. Con el resonar de los cantos de las aves durante el alba, el bosque lluvioso permanece tranquilo, pero a mitad del día la casi mágica llamada que las ranas venenosas lanzan para los insectos, hacen que la actividad aumente y otros pequeños roedores y aves salen también en busca de alimento.
El oscuro y frío interior del bosque primario parece contrastar con el suelo casi desnudo, a veces carente de vegetación. Sólo en algunas partes en las que algún rayo de luz logra colarse entre las copas de los árboles, hasta llegar al suelo, algunas plantas nacen y crecen rápidamente. Caminar en el bosque lluvioso, es como dar un paseo en el tiempo de regreso al pasado. El mundo moderno y todo su correr parecen insignificantes y pierden toda su importancia.
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