
Tanto en las partes altas como en las planicies a lo largo y ancho del país, los bosques lluviosos de Costa Rica son el hogar de cientos de formas de vida conocidas y muchas más que aún no se conocen en el mundo. Todas estas criaturas son prácticamente la última fortaleza de biodiversidad que queda en el planeta. Con el resonar de los cantos de las aves durante el alba, el bosque lluvioso permanece tranquilo, pero a mitad del día la casi mágica llamada que las ranas venenosas lanzan para los insectos, hacen que la actividad aumente y otros pequeños roedores y aves salen también en busca de alimento.
El oscuro y frío interior del bosque primario parece contrastar con el suelo casi desnudo, a veces carente de vegetación. Sólo en algunas partes en las que algún rayo de luz logra colarse entre las copas de los árboles, hasta llegar al suelo, algunas plantas nacen y crecen rápidamente. Caminar en el bosque lluvioso, es como dar un paseo en el tiempo de regreso al pasado. El mundo moderno y todo su correr parecen insignificantes y pierden toda su importancia.
|